
Dicen los viejos que "no hay mal que dure cien años", y algunos otros replican "ni nadie que soporte", sin embargo es impresionante el nivel de aceptación, costumbre que un humano cualquiera puede desarrollar.
Observaba con asombro el modo en el que los poderosos encierran el mundo en definidas cifras, de las cuales las personas comunes y corrientes no son ni el punto del cero, ni la coma intermedia ni la millonésima parte de un cero.
En estos detalles ocupo mis abstracciones, no por ello de modo catastrófico, al contrario, lleno de fuerza para no dar ni un sólo paso atrás.
Otro mundo es posible y real desde que decidimos que así sea.
Con nustros actos cotidianos, siendo conscientes de las desiciones y críticos de nuestros prejuicios y razonamientos tendientes al sometimiento.
No es casual que China esté de moda, tenga los juegos olímpicos (como los tuvo Alemania antes de su guerra criminal) y sea una mercatiranía intocable, hay que pensar un poco más que de lo que las agencias noticiosas te permiten.
Tampoco casual es que aquellas estén en la misma ciudad llamada
"Washing ton",
Es decir en una aproximación no literal quedaría: toneladas de lavado
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